A MODO DE INVENCIÓN. PRESENTACIÓN



A nadie está permitido permanecer ocioso

A lo largo de mi vida, me he topado varias veces con esta frase en diferentes contextos. Siempre me he preguntado por su significado, por las posibles interpretaciones que encierra una sentencia tan potente y “moderna”, en un sentido filosófico. ¿Fue revolucionaria, una llamada al orgullo del trabajo (ese lastre del proletario) con el que tomar conciencia de la lucha social contra el explotador? ¿Estuvo en boca de un antiguo patrón que, gritando a pleno pulmón a sus empleados, les apremiaba a producir más y mejor? ¿La pronunció un político conservador refiriéndose a la iniciativa individual como causa de la riqueza colectiva? ¿Un pastor religioso (qué religión da igual) interpretando un pasaje y masticándolo para sus fieles? O quizá un poeta guerrero exhortando a la guerra o la invasión. Un colonialista exigente; un sabio anacoreta exhausto y de vuelta, repentinamente enamorado…

Lo interesante, siempre me ha pasado, son las invenciones que conlleva. Como quien repara en alguien determinado por la calle e imagina su vida (su infancia, su cocina, sus drogas), o despierta a medianoche tras un hermoso sueño y susurra bajo la sábana posibles interpretaciones, así este blog fue creado mediante inventivas a mí mismo: no seas retrógrado (¡no en todo!), tienes que disciplinarte (¡de vez en cuando!), aprende a manejar el ordenador (es tu segundo cerebro, un jefe dixit). Aunque la razón definitiva se la escuché a ella:”Compartir es vivir”.

Comparto pues estos escritos míos. Yo, que no he visitado muchos blogs (ocasionalmente de amigos o de cocina), que nunca he escrito un comentario en ninguno de ellos, quien no ha escrito a tecla sus poemas y relatos hasta hace pocos meses, no quisiera que vosotros, posibles lectores, fuerais como fui hasta ahora, hasta este agosto de 2010. En Granada. Y como en toda negación hay un aserto, sí quisiera hacer de este blog una cosa-pública (res publica) de aquello que vengo escribiendo últimamente, relatos sobre todo, invenciones que sugieran ser un mundo en sí, expresión del cóctel que es Rubén de Vera y expuestas, por tanto, a nuevos ingredientes y combinaciones.

Que me encantaría que me leyerais y me comentarais, vaya.

Un saludo

miércoles, 19 de octubre de 2011

Dolor de jazz

Primera dosis

Dedicado a toda música que busca... dedicado al free jazz


             Bach era el orden armonioso, el músico que combinaba instrumentos como los ingredientes de un cóctel vitamínico y sabroso, la luz de la que emanaban melodías como galaxias luminosas persiguiendo en fila y risueñas un final feliz asegurado. Schönberg y su “atonalidad”, es la lícita búsqueda de una puerta abierta y la advertencia a un mundo que desembocaba en la I Guerra Mundial: no es tan maravilloso, no todo es belleza, expresemos la incertidumbre, tal vez la angustia. En el jazz, el bebop dinamitó las menudas fronteras que habían adquirido el swing clásico de Goodman o las enormes composiciones que repetía Duke Ellington. En un arte, además, tan impulsivo y mestizo. El hardbop de Art Blakey y compañía es, entonces, la virilización de una música que se estaba poniendo blanda, y estaba hecho por músicos que aguantaban las embestidas que la sangre les mandaba. Pero el free jazz

             Quiero decir con esto que me considero una persona abierta en el arte y en la vida, tolerante e incluso apasionada, decididamente moderna, a pesar de lo que mi nombre sugiera a algunos.

             Me llamo Luciano Gonsálvez Madeira, hijo de andaluz y una gallega que cantaba jotas y a la que le gustaban los vestidos cortos que mi padre le regalaba, por lo que en cuanto los comentarios se hicieron más estrepitosos, marcharon a Barcelona en busca del mar y de acentos extranjeros, donde se instalaron y donde actualmente vivo. En mi casa no había diferencia entre discos para adultos y discos para niños (alguna vez celebramos mi cumpleaños con The Doors), aquéllos los había traído mi padre de Rota. Aún conservo la costumbre de comprar el día de mi cumpleaños un disco que me parezca interesante y que haya sido editado ese año, con el fin de disfrutarlo, solo o en compañía.

            Pero el free jazz… primero, ¿cómo se ensaya eso? Adivino: yo toco y tú me sigues, si nos encontramos en una nota (cuando nos encontremos) hacemos como una melodía (o dos) aunque se nos olvide que hay todo un ruidoso batería y un contrabajo enorme marcándonos el tempo. ¿Cuándo se termina una canción? Si todos dejan de tocar…y lo fundamental, ¿cómo se escucha?  ¿simulando un ataque de pánico o esquizofrenia para entrar en atmósfera? ¿boxeando contra un saco? ¿peleándote con cualquiera? ¿acostado, recostado, arqueado? No hay manera, con el free jazz… no hay manera. Y díganme ustedes qué postura además adopto yo en un conocido club de Barcelona (para más señas el Day Jazz) donde se programa un concierto, un sexteto de hombres de distintas nacionalidades que iban a inaugurar la nueva temporada de septiembre tras el cierre temporal del verano. Cómo me siento o si me siento o me quedo de pie, acodado en la barra o cerca del escenario; al final, pasé la primera media hora de ruidos paseando de un lado a otro de la sala, amplia para mi suerte. Como un león enjaulado al que tiran zanahorias, ¿imagináis la cara de incomprensión? Puesto que el concierto empezó treinta minutos tarde, yo llevaba ya encima una copa y media y me empujaban unas ganas tremendas de mover la pierna y chascar los dedos, pero el free jazz… Tras el asombro, vi un hueco y me colé hasta la barra.

            -    Camarero, una copa y un por qué

           El camarero (otrora barman) movía la cabeza e intentaba torpemente tararear alguno de los conatos de frases melódicas que terminaban a las pocas notas y que sonaban a la vez, misión imposible. Asimismo intentaba con su mano seguir un ritmo que era inconcebible, así que me atendió.

            -    ¿Qué bebes?
            -    Bebo Ron y escribo hojas de reclamaciones
            -    Vaya, nunca me han pedido las dos cosas al mismo tiempo, ¿me vas a pagar no?
            -    Sí hombre, toma. Imagino que estará el encargado, ¿verdad?
            -    Pero, ¿por qué? ¿qué ocurre?
            -    Ocurre que esto no es jazz y es una estafa. En el cartel lo anunciaban y he pagado mis 15 euros                  del ala y tres copas y esto no es jazz.
            -    Pero, ¿qué dice?
            -    ¡Ah! Ya no me tuteas. Por favor, llama al encargado.

            Convincente. El camarero no tuvo más que ir a buscar al encargado, que vino impávido y curtido por años de músicos y público bebedores.

            -    ¿Qué quería usted?
            -    Querría saber cómo llamaría usted a esto –señalando con las manos el escenario
            -    Esto es jazz.

            (Continúa...)