A MODO DE INVENCIÓN. PRESENTACIÓN



A nadie está permitido permanecer ocioso

A lo largo de mi vida, me he topado varias veces con esta frase en diferentes contextos. Siempre me he preguntado por su significado, por las posibles interpretaciones que encierra una sentencia tan potente y “moderna”, en un sentido filosófico. ¿Fue revolucionaria, una llamada al orgullo del trabajo (ese lastre del proletario) con el que tomar conciencia de la lucha social contra el explotador? ¿Estuvo en boca de un antiguo patrón que, gritando a pleno pulmón a sus empleados, les apremiaba a producir más y mejor? ¿La pronunció un político conservador refiriéndose a la iniciativa individual como causa de la riqueza colectiva? ¿Un pastor religioso (qué religión da igual) interpretando un pasaje y masticándolo para sus fieles? O quizá un poeta guerrero exhortando a la guerra o la invasión. Un colonialista exigente; un sabio anacoreta exhausto y de vuelta, repentinamente enamorado…

Lo interesante, siempre me ha pasado, son las invenciones que conlleva. Como quien repara en alguien determinado por la calle e imagina su vida (su infancia, su cocina, sus drogas), o despierta a medianoche tras un hermoso sueño y susurra bajo la sábana posibles interpretaciones, así este blog fue creado mediante inventivas a mí mismo: no seas retrógrado (¡no en todo!), tienes que disciplinarte (¡de vez en cuando!), aprende a manejar el ordenador (es tu segundo cerebro, un jefe dixit). Aunque la razón definitiva se la escuché a ella:”Compartir es vivir”.

Comparto pues estos escritos míos. Yo, que no he visitado muchos blogs (ocasionalmente de amigos o de cocina), que nunca he escrito un comentario en ninguno de ellos, quien no ha escrito a tecla sus poemas y relatos hasta hace pocos meses, no quisiera que vosotros, posibles lectores, fuerais como fui hasta ahora, hasta este agosto de 2010. En Granada. Y como en toda negación hay un aserto, sí quisiera hacer de este blog una cosa-pública (res publica) de aquello que vengo escribiendo últimamente, relatos sobre todo, invenciones que sugieran ser un mundo en sí, expresión del cóctel que es Rubén de Vera y expuestas, por tanto, a nuevos ingredientes y combinaciones.

Que me encantaría que me leyerais y me comentarais, vaya.

Un saludo

viernes, 7 de septiembre de 2012

Juan Luis Salina

Sombra desnuda del alba
rayo que encierra una nota
hielo de aire gotea
abriendo los ojos al sueño.

Lápiz de piedra blindada
santo confeso en la barra
rimel de capa caída
nuez en la M-50.

Glorieta pueril sin salida
verdejo mordido de añil
la piel la espina atraviesa
reclama la luz su mirar.

Opaca pompa de vida
llanto de un muerto al nacer
“sal por la puerta de dentro”
me dijo un sabio al dudar.

lunes, 23 de abril de 2012

Del blanco al negro

Tras años de enviar manuscritos a las editoriales y no recibir ni siquiera respuesta, Juan García, 45 años, ropa gastada, siempre con frío y moreno, encontró una mañana un correo electrónico de la editorial Desde0 que decía:

Estimado Sr. García,

Tras el inicio de lectura por parte de uno de nuestros empleados del manuscrito que Ud. nos envió, hemos comprobado que dicho manuscrito "Ni una mota en la corona" contiene numerosas citas sospechosas de haber sido sacadas de otros libros ya publicados anteriormente. La base de datos Memoria Anticopia (MA), que registra todo lo publicado en lengua española con el fin de evitar posibles problemas legales derivados de los derechos de autor, ha detectado las siguientes “citas” en su manuscrito:

“Siente el primer pinchazo justo al salir de Lyon. Es un dolor breve pero intenso que le hace gritar. El coche se detiene en seco” (p. 34)

Pertenece a Reconstrucción de Antonio Orejudo, publicado por Tusquets, 2005, p. 91.

"Le metieron el trapo sucio en la boca y oyó que el Turco dijo “éste va a cantar hasta el arroz con leche”(p. 35)

Es propiedad de los herederos de Ernesto Sabato, ya que es una frase literal de Abbadón el exterminador, publicado por primera vez en 1974, p. 363 de nuestra edición en la editorial Siglo XXI.

“Aprovechando tal estado de ánimo, telefoneé a Carolina y conseguí arrancarle una cita para comer ese mismo día bajo la sorpresa de que había reflexionado sobre la entrega de la cartera, pero que quería discutir con ella algunos puntos” (p.38)

Corresponde a Juan José Millás, Papel Mojado, editorial Anaya, 2000, p. 137.

Tras lo cual desde la editorial Desde0 hemos decidido no seguir leyendo ni comprobando las “citas” u “homenajes literarios” o “literales” de su manuscrito. Asimismo, hemos creído oportuno enviarle una pequeña muestra, que no única ni mucho menos aislada, que espero le sea suficiente para entender nuestra negativa e incluso enfado ante este su desafortunado manuscrito.

Sin más reciba un saludo,

Editorial Desde0

P.S.: uno de nuestros empleados me insiste en que le envíe un reto personal: comprobar cuál de los dos, si usted o él, es capaz de terminar antes el puzle de 2.000 piezas que usted elija. Para contactar con él, llame a nuestras oficinas en Zamora y pregunte por Anselmo.

sábado, 14 de abril de 2012

La pana, la piel y Marilyn

En el principio fue Marilyn. Si nos acercamos al Centro Cultural Caja Granada, donde se nos muestran
los diferentes hábitos, alimentos, utensilios y enseres de las diferentes culturas que habitaron Andalucía, veremos porciones de historia con la excusa de, por ejemplo, los materiales que utilizaban para vestirse
y las formas de sus vestidos. Es Historia. Si reparamos en la exposición temporal de los vestidos que
utilizó Marilyn Monroe en su trayectoria cinematográfica y personal, veremos presente. El nuestro. El
suyo, lector, visitante, oyente, y el mío. 

La exposición tendrá lugar hasta el próximo 3 de abril, y en ella se muestran hasta 80 objetos personales de la
actriz. Y es que, en nuestro imaginario, y desde hace 60 años (yo nací 25 años después de La tentación
vive arriba (1955), de Billy Wilder, donde el vestido de la famosa escena del aire del metro y Marilyn
puede encontrarse en la exposición), podemos identificar claramente los objetos que aquí se nos exponen,
las fotos y videos que se nos muestran. Cabellera rubia: Marilyn. Sex symbol: Marilyn. Ser atormentado:
Marilyn. Cada año recordamos aniversarios, películas y tragedias personales de esta heroína
contemporánea, presentada, siempre, con un mayor potencial creativo del que alguna vez mostró atisbos,
pero nunca hechos. No es Norma Jean. Tampoco Marilyn Monroe. Se trata más bien de lo que
proyectamos, en presente, hacia una cabellera rubia que fue sex symbol y fue un ser atormentado. ¿Por qué no hacerlo a través de sus vestidos y otros objetos personales?

En una entrevista al cantante del grupo de rock Marilyn Manson (según él, lo más amado y lo más odiado (por Charles Manson) de la historia reciente de EEUU), en la que se reía cuando un periodista le preguntó si vestía tan llamativamente en casa como lo hacía en sus conciertos, aquél respondió: “¡claro que no!”. Se trata de marketing, un producto, una forma. Del mismo modo, en la exposición no son iguales los vestidos de Marilyn para el cine y los de Norma Jean para casa: estos últimos son, de lejos, más cómodos, prácticos, sencillos; por otro lado son también más recatados, menos espectaculares, lo que nos lleva a pensar, entonces, que en el cine se quiso resaltar el erotismo sobre todas las cosas: un juego de tela que tapa lo superfluo y destapa lo importante: las curvas, la piel blanca, tersa, suave. Marca de la Fox, productora de la actriz durante toda su carrera en el cine.

No siempre fue así. En la prehistoria, era evidente la concepción funcional del vestido: cuerpos desnudos con pieles de animales protegiendo de adversidades. Una vez se hace sedentario, cultiva y se cultiva, el ser humano construye armas y casas cada vez más sofisticadas, va refinando sus vestidos, creando con ello modas. Ocurre así con la historia europea. La época romana, con sus togas de diferentes colores que representaban el estatus social y económico del portador, o sus coronas de laurel, de oro para los emperadores. La Edad Media cristiana, repleta de hábitos que seguían cubriendo la mayor parte del cuerpo: las calzas, la túnica, el jubón. Tal función no se transformó durante la presencia árabe en la Península, la cual por su parte arrojó una moda propia, más refinada en las telas, con el uso del turbante como mayor pieza de distinción. Finalmente se destacan los siglos XVI y XVII, cuya prenda más recordada y característica es, quizá, la gorguera.  

Decimos que estos hábitos fueron la moda en su momento histórico por descripciones y representaciones pictóricas. De la misma manera, nos dice la guía del Museo que nos acompaña durante la visita, moda es lo que vemos en los escaparates de las tiendas de ropa de las ciudades; colores, formas, adornos, se combinan diferentemente según las tendencias en las que, sospechamos, algo tendrán que ver los Galliano y los Versace, las marcas y las grandes pasarelas. Moda sería, en definitiva, lo que dice la mayoría que es moda. Por otra parte esto ocurre, punto y seguido, con cualquier concepto definido por convención social. Pensemos por ejemplo en el tabaco: de ser un signo de distinción  ha pasado a ser prohibido por ley.

Los vestidos de Marilyn, las formas y combinaciones, el estilo, incluyendo muchos de los utilizados en el cine, pueden hoy llenar el armario de muchas mujeres sin llamar la atención de sus maridos ni provocar miradas recelosas por parte de los ciudadanos. Es una buena noticia. De entre todas las Marilyn que conocemos, y no son pocas (la actriz, la estrella, la lectora, la abandonada, la escritora de diarios, la suicida…), hay una que se destaca: aquella mujer rebelde e independiente inmersa en un mundo de hombres, presa de su propia imagen pública que ella, si no creó, ayudó apasionadamente a crear; la contradicción entre el eterno papel de “rubia tonta” (dumb blonde en inglés, “tipos” de mujeres que al parecer existían comúnmente en ciertas partes de EEUU y que eran conocidas como bimbo, por lo que el origen del estereotipo no es atribuible a Marilyn) y las eternas aspiraciones de una mujer fuerte que quería más de lo que le era permitido: la libertad. Su lucha, y su desgracia, nos parecerían un símbolo de lo que hemos conseguido (de lo que las mujeres han conseguido) en el camino hacia la libertad: sexual, económica, civil, mental. Sin embargo, hay dos cosas que son indudables: una es que Marilyn rara vez llegó a realizar un papel importante dentro de la historia del cine, con papeles que le ofrecían y que ella acababa aceptando y, según noticias, filmando a duras penas con olvidos y retrasos debidos a su desgracia personal provocada, precisamente, por esos papeles que aceptaba. 

La otra cosa es que Marilyn es un símbolo y una realidad del cuerpo desnudo, alegre, fresco y eternamente juvenil que más que andar se contonea y más que mirar penetra. Es…era una belleza. Como los Beatles, como Michael Jordan, Marilyn Monroe resume el acuerdo universal y un asentimiento colectivo. ¿Seguro?

Sería interesante una investigación sobre la percepción de Marilyn que han tenido y tienen los negros, de EEUU o del mundo, desde los años 50 hasta la actualidad. ¿Nos llevaríamos una sorpresa?

viernes, 20 de enero de 2012

Guión

Lo primero que siente el señor Francis, cara de lija, hombros caídos, algo rechoncho, con ojos de haber sido viejo desde joven, es terror al ver la nota sobre la mesa.

“Cariño, he ido al cine en el coche”

No se trata de que Marta coja el coche sin tener carné o haga demasiado frío para salir a ver una película. El miedo acompañado de un leve temblor como el del señor Francis no es carne de razón, no se adquiere a voluntad, ni pueden tamizarlo las palabras. Existe un miedo asumible que ya antes se ha experimentado: a los aviones, a nadar, a un botellazo en la cabeza. Hay miedos que son tema común hasta el punto de formar parte de la especie humana, y ni siquiera hace falta vivirlos: la muerte filial, el rechazo del grupo. Otros, como el hambre, son del reino animal. Miedos reales y mentales, vencedores y vencidos, todos son reconocibles. Pero ahora, el señor Francis siente un terror atávico no descifrable, como de reino vegetal. El horror de una manzana que se sabe devorada en la flor de la vida.

Marta ha bajado la basura.
Para Francis solo hay preparadas las mismas sobras de ayer en la nevera.

Y gira sobre sí mismo e inspecciona la casa en busca de una de esas bromas de hace tantos años. Piensa que la bañera es el lugar idóneo para reprender a Marta y luego consolarla entre vapores y desnudos, pero en el baño solo encuentra la presencia de una toalla caída al suelo. Tal vez en el estudio, donde por lógica el señor Francis menos sospecharía, ya que le tiene dicho a su mujer que él mismo ordena el papeleo del taller mecánico donde trabaja. Allí, encuentra el rastro de su mujer en forma de un libro de tamaño mediano, Ventajas de viajar en tren, de un tal Antonio Orejudo, con una ramita de lavanda haciendo de marcador de páginas, y mal colocado sobre uno de los brazos de la mecedora, a punto de caerse. En el salón hay una caja vacía de un disco de Wim Mertens (¿quién carajo?) que tiene pequeños restos de café y la oronda, inequívoca, lunar marca del culo de un vaso de licor dejado encima. El señor Francis presiona play en el equipo. Escucha diez segundos. Treinta. Un minuto. Un escalofrío le recorre la espalda. Un sudor frío le va congelando la sangre y aunque trata de acelerar el paso, sus piernas flaquean y sus pies de hierro fundido pesan como el plomo.

Ahora anda hacia el dormitorio un cuerpo rígido de brazos duros como yucas. Parece que ha encogido.

Rodea el tresillo y al ir cruzando el corredor advierte la presencia de luz tras la puerta cerrada de su habitación, la de ellos. Marta, el coche, las once y pico, todo vuelve a ser una broma un segundo, todavía no se han relajado las facciones del señor Francis cuando abre la puerta y le reciben unas braguitas dejadas en el suelo y un secador posado en la cama, deshecha y vacía como piel de serpiente.

El señor Francis se oye respirar a sí mismo. Oye sus latidos como una imposición; incapaz de interpretar el terror, un cálculo prerracional le hace acurrucarse en la cama entre colchas y almohadones. Ahora recuerda su destino. Todavía están tensos sus músculos y permanece vigilante porque tiene que asimilar lo inevitable, el dolor vegetal de haber  nacido cultivado con el fin de ser engullido en lo mejor de la divina madurez.

Cansado del trabajo, poco exigente con la vida, olvidadizo, desmemoriado, chapucero, teleherido y cenaoscuras, el señor Francis asumió la llegada de su esposa como un limón su exprimidora.